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El club del 20

Escucharlas

Inversiones en la bolsa

En Clarín informan sobre reclamo del FMI, al G-20 para que se adopten medidas que eviten el débil crecimiento global.

Observaciones

Diplomacia de Contubernio. De esta manera caracteriza Bertrand Badie al vínculo entre gobernanza, conservación del orden y oligarquía que deriva de los grupos cerrados, compuestos por las naciones más ricas, que se organizan para debatir y definir las políticas que impactan en todo el planeta.

El antecedente genético de los G7, G8 y G20, lo encuentra en el Congreso de Viena de 1815, que reunía a los reyes de Inglaterra, Francia y Prusia, el zar de Rusia y el emperador de Austria. A partir de la experiencia bonapartista, aceptaron coordinar esfuerzos para mantener el orden de las cosas, enviando ejércitos allí donde detectaran alteraciones que lo comprometieran.

La tesis de Badie, sin embargo, es que vivimos en un mundo apolar que impide una eficiente gobernabilidad a través de grupos excluyentes. Lo que domina es el egoísmo nacional, curiosamente conviviente con una muy intensa interdependencia. Descarta la posibilidad de una multipolaridad, por verificar mayor rechazo que atracción entre los países. “Cuando se habla de multipolaridad, me gustaría que me dijeran a quién atrae Gran Bretaña hoy, a quién China, a quién la India, a quién atrae Francia.” Para él, la gran propiedad de la globalización es la “intersocialidad”, por poner en relación a las sociedades, no a los Estados, éso es lo verdaderamente novedoso. Lo intersocial se vuelve más importante que lo internacional.

Aquí disparo una hipótesis: la intersocialidad opera con mayor intensidad, como cabe esperar, entre los que tienen los recursos para actualizarla fuera del plano digital. Dicho de otra forma: los sectores de alto poder adquisitivo pueden transformar la comunicación digital en desplazamientos físicos reales. Las relaciones intersociales con sus iguales –otros sectores de alto poder adquisitivo de otros países- obtienen mayor relevancia en sus vidas que las nacionales con sus compatriotas.

Esto es lo que habría sucedido en la Gran Bretaña del Brexit: los londinenses, antes ciudadanos globales que británicos o ingleses, optaron mayoritariamente por preservar las desnacionalizadas conexiones intersociales. Los trabajadores y sectores de mellado poder adquisitivo, apostaron por repeler lo que de ningún modo ha demostrado beneficiarlos e intentar, de esa manera, restaurar el auxilio del Estado nación que integran.

 

Por último, planteo un interrogante: los mandatarios que se reúnen en el G20, ¿a qué sectores y a qué intereses responden en mayor medida?

En Ámbito advierten que, irónicamente, la recesión en Brasil, enriqueció a los inversores: “La economía brasileña acumulará en 2016 su segundo año consecutivo en recesión. El PBI cayó 3,8% en 2015 y este año se proyecta una caída del 3% (…) Sin embargo en lo que va del año la Bolsa de San Pablo subió más del 35%, mientras que el real se apreció más del 20% frente al dólar.”

Observaciones

No debe sorprender que la recesión brasileña haya enriquecido a los inversores/timberos que juegan en las bolsas y con bonos emergentes. Yanis Varoufakis acusa que en el Viejo Continente las expansiones monetarias aplicadas por el Banco Central Europeo fueron empleadas por banqueros y empresarios para inflar sus propios activos. El ex ministro griego denuncia que esa política “contribuyó en nada a la derrota de la Gran Deflación; sólo enriqueció más a los ricos, resultado que de algún modo reforzó la creencia de los banqueros centrales en la independencia del banco central.”

Por otro lado, en otro artículo señalé que los bajos rendimientos de los bonos de las economías centrales alientan a distintos inversores institucionales a aprovechar las altas tasas de las economías emergentes, como la brasileña, provocando la obvia apreciación de su moneda. Esto último fortalece la capacidad importadora que los países desarrollados aprovechan –y agradecen- para vender sus industrializados productos (en desmedro del valor agregado made in emergente).

Esta ingeniería no es irónica, sí sensata al interés de los países desde cuyas citis operan los inversionistas/timberos que nada arriesgan en la economía real de los países emergentes. Como el brasileño, como el nuestro.

El mismo medio informa sobre la  marcha atrás que impuso la Justicia francesa al suspender la estúpida prohibición del burkini.

Observaciones

"Es posible que todo fuese más fácil y conveniente si me sacara mi hijab, pero implicaría de alguna manera aceptar que la mujer musulmana no forma parte de la historia". Este pronunciamiento tan conmovedor como contundente, y muchos otros, pueden encontrar en este video que hace algo que estimo sencillamente perfecto: en vez de discutir a estas mujeres, se limita a escucharlas.

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